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Soledad (1)

<< ¿Será que me estoy haciendo viejo? >>.  Mientras esta perturbadora idea cruzaba por la mente de Carlos, éste logró bajar por fin sus adoloridos pies de la cama sólo para encontrarse con el helado piso de concreto pulido que, con su gélido toque matutino, lo terminaba de recibir este día.  Se incorporó con dificultad y comenzó con los habituales estiramientos matutinos. Al instante notó que las molestias de la cintura seguían ahí, y que no se irían por un buen tiempo. Al comenzar a caminar, el viejo esguince de la rodilla derecha lo frenó en seco, pero decidió ignorarlo y sólo cojear por el momento. Su garganta se sentía bastante seca y los labios, partidos por el frío cortante de la noche, le imploraron un sorbo de agua, por lo que se dirigió a la cocina para tomar algo fresco.  El viejo dolor del hombro izquierdo se había agudizado bastante y la pesadez del andar que intentaba llevarlo hasta su destino hacía notoria la falta de un descanso adecuado. Paso t...

Mi refugio

Me levanto por la mañana, aún tambaleante y añorando el dulce abrazo de Morfeo solo para ser recibido por los estridentes gritos del reportero en el radio que anuncia el recuento de muertes de la noche anterior. Dejo escapar un gruñido para recibir el nuevo día y comienzo el ritual de cada jornada, sé que estará ahí. Sé que será otro de esos extraños días que no puedo explicar, y cuyo impacto desconcertante, impide la conciliación de mi razón y mis emociones. Acudo a la escuela reanudando mecánicamente la rutina que tan bien he aprendido. Me muevo silente y desgarbado entre saludos, deberes y falsas sonrisas, aguardando con un ansia muda su arribo. El sordo dolor cesa, pues llego a casa, al fin. Su presencia me cambia, transforma mi ánimo y me llena de algarabía. Ante ella, junto a ella, soy diferente, no debido a absurdas zalamerías ni vanas lisonjas. En verdad me siento más vivo, más tranquilo, más humano cuando estoy a su lado. Aún cuando nuestras his...

Vestido

Escrito originalmente en 2017 Me preguntaste el otro día de qué color sería el vestido que me gustaría verte usar. Retomando el tema de tu desnudez y tu delantal... El otro día hablábamos sobre tu ropa, específicamente lo preciosa que lucirías con un vestido y cómo lo usarías para mí. El dilema aquí es que, con sólo sembrar esa tenue idea en mi mente, pones en marcha la maquinaria de la perversión que es mi imaginación. Engranes y bandas se mueven y tejen redes de oscuras ideas y sucias intensiones para formar la telaraña que es la fantasía de la que eres protagonista. Pero vamos, no es eso lo que estamos discutiendo. La cuestión es puntual y resumiré mis torcidas ideas para tratar de darte una respuesta puntual. Si fuera yo el afortunado que tuviera a su cargo la deliciosa tarea de escoger tu guardarropa, no podría resistirme a convertirte en una princesa, una lolita, una muñequita, una criatura que causara conflicto en mi ser con el choque de emociones, en el huracán de deseos...

Tus piernas

Sé que te lo digo a cada oportunidad y no me arrepiento de mi repetitividad.  Esas largas, curvilíneas y tonificadas piernas son mi deleite. Aquellas son los imponentes pilares de marfil que flanquean las rutas del placer carnal y miserable que eleva mi espíritu, pues al norte de los minantares está el templo de Venus donde labios trémulos depositan tributos de rojos y húmedos besos y al sur se alza, entre los montes nevados y tersos, el altar de Sodoma, ante el cual arrodillo mi voluntad y en donde sepulto mi furia. Tus piernas son las torres de las mil formas y de los mil escenarios: se envuelven alrededor de mi cintura como un candado que me encierra en tu intimidad para ser consumido por ella; reposan en mis hombros para darme apoyo al embestir las entradas de tus ciudades capitales mientras asalto la pequeña cúpula al norte de las puertas, de donde escapan tus gemidos; caen a mis costados dándome la bienvenida a tu cuerpo, ya sea para atacarlo con abandono o para enton...

A ti, episodio 2

Por razones que la ciencia, la religión y Jaime Maussán fallarán para explicar, decidiste ser mi amiga y acercarte a mí para hacerme compañía durante mis estudios sin salir huyendo a la primera oportunidad. Lo que al principio creí que sería el efecto de alguna poderosa droga que habías consumido, pronto se volvió mi realidad cotidiana. Ahí estabas: sonriente y conversando con mi estupefacta persona. Y, a pesar de lo que mis cansados globos oculares me contaban, aún me resistía a creer que aquello estaba relacionado directamente conmigo, pero en el fondo disfrutaba igualmente de tu compañía. Llegabas a la escuela con tu pequeña y vivaz humanidad y, entonces, lo que había iniciado como el simple "pasar el rato" entre nosotros, pronto se convirtió en la promesa segura de verte cruzando aquellos grises pasillos con tu paso aniñado, to sonrisa pícara y amigable y esos ojos soñadores y melancólicos que tan bien enmarcaban tus lentes de abuelita. Ibas y venías curioseando sa...

Esperar (Escrito originalmente el 13 de Junio de 2013)

Rayos, qué emo era en 2013 (mi yo de 2019 intentado disimular) ¿Hasta dónde es correcto esperar? ¿A partir de cual punto se pasa de ser impaciente a ser estúpidamente optimista? Se dice que actúo con mezquindad y despotismo al exigir una respuesta, al solicitar una palabra tuya. Pero ¿a caso no es eso síntoma de lo mucho que necesito tu voz o de lo ansioso que estoy por sentir tu presencia?. Me arropo en el silencioso rincón de mis días, con el anhelo de tu atención y me ahogo en imaginaciones de noches que nunca fueron y días que nunca serán. Al final, soy la única víctima de mi tiranía, pues soy yo quien sale derrotado en una lucha que sólo existe en mis sueños.

El Ardor de la Carne - Películas Malditas

La historia del celuloide siempre ha estado repleta con películas que cargan con el ya erosionado apelativo de "malditas". Pero con tal término no me refiero a esos terribles trabajos cuyos valores de producción hacen sonrojar al crítico que se llena de pena ajena al contemplar tales catástrofes comerciales. Me refiero directamente a esa casta de filmes que  ofenden  a críticos y espectadores, a miembros de la sociedad y de la industria por igual, incluso con su mera existencia. Trabajos cinematográficos que son célebres por ser considerados pecados fílmicos, incitadores del mal o alabanzas al horror. Dentro de este panteón de películas, excomulgadas del círculo celeste destinado al "buen cine", se pueden encontrar dos grandes categorías de filmes malditos: aquellos cuyo pecado es el de la sangre y otros que pecan de carne. Los primeros son filmes que evocan el morbo de la violencia, de la brutalidad y el odio que viven dentro de todos nosotros, instintos inten...