Así es, me disculpo con mi Ninfa chaparrita por el comentario generalizado que hice en la ante-penúltima entrada. No todas las mujeres son iguales, y la neta me disculparía con las mujeres en general, pero ya que ella es la única que entra en este blog, no le veo sentido. Si algún día, una mujer entra aquí accidentalmente, pues sepa que no es mi intención ofenderla, y ojalá llegue por fin al sitio que de verdad estaba buscando.
Debo decir, sin temor a arrepentirme, que siempre recordaré con mucha nostalgia y cariño mi carrera universitaria, y a las personas que conocí durante la misma. Mi historia académica y personal se desenvolvieron siempre de la mano pues, después de todo, soy un nerd y no me arrepiento de ello. En los mozos años de la primaria, fui un ente sin definición ni aspiraciones. Era un niño indistinguible del montón, que no destacaba ni se quedaba en las sombras. Aquel fue un periodo gris, sin demasiadas penas ni alegrías, donde todo lo que sucedía era filtrado por una mente a medio cuajar de 10 años. Se trató de un tránsito inocuo e irrelevante, sazonado ocasionalmente por el gusto de verle los calzones a alguna compañerita o toquetearla levemente jugando a las "inyecciones". Durante la secundaria, las cosas cambiaron y mi ñoñez se acentuó, lo que también marcó la pauta de inicio para la marcha que me llevaría al extremo marginal de la sociedad escolar y la real. Este periodo ...
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