miércoles 18 de agosto de 2010

Dudas y Decisiones

Ha pasado un día desde el beso. Mi vida se ve convertida en un caos de decisiones que no tomaba desde la adolescencia y de preguntas que no me hacía desde que aquel pollo murió en mis brazos POR RAZONES TOTALMENTE NO SEXUALES.

Te veré. Eso es lo que me motiva a ir a la escuela.

Mientras me miro al espejo, oscuras sombras bajo los ojos y un intenso dolor en la muñeca, me recuerdan que no dormí aquella noche, pensando en ti.

Uso colonia, perfume, desodorante, acondicionador, insecticida, etc. Tengo tantos químicos encima, que si alguien fumara cerca de mí, explotaría. Entonces, el pánico me ataca… ¿Será demasiado? No puedo saberlo con certeza, pues carezco de olfato y sólo sé que llevo perfume encima porque escucho a mi vecino a través del muro preguntando de dónde chingados viene ese olor.

Me arrepiento y me baño de nuevo. Me gustaría ducharme, pero para ello necesitaría hacer hoyos en el fondo de la lata de chiles “Herdez” con la que me arrojo agua desde una cubeta de pintura.
No es elegante, pero al menos es ecológico… excepto por todos los químicos perfumiles que ahora arrojo al drenaje. Me parece escuchar las ratas en la alcantarilla, mientras se asfixian y mueren.

Sólo espero no molestar a la cosa que vive en el drenaje y que parece alimentarse de la pelusa que se acumula ahí. Me gusta pensar que es una fuerza positiva de la naturaleza, como los unicornios, sólo que éste vive en mi drenaje y come cabello humano.

Me apuro a bañarme y siguen las decisiones. ¿Qué ponerme? Reviso y reviso todas las posibles combinaciones de ropa. Las estudio meticulosamente en mi cabeza, antes de darme cuenta de que sólo tengo dos pantalones y una playera. ¿Con qué se verá mejor la playera verde? ¿Con el pantalón de mezclilla negro? ¿O con el otro pantalón de mezclilla negro que es igual?

No soporto la tensión y escojo al azar. Entonces me doy cuenta de que la suerte es una puta, porque tomo los dos pantalones. Por fin, me pongo la ropa y me veo al espejo. ¿Una playera verde estará bien para expresar mi felicidad? Si fuera un duende o una sandía no habría problema, pero ¿El verde combina con un geek enamorado?

¡Al diablo! Es esto o salir sin camisa… Sólo que la última vez que hice eso, llamaron a la policía y una señora aseguraba que cuando pase frente a su casa, sus flores se marchitaron y sus conejos dejaron de aparearse.
Busco un par de calcetines buenos. Ahora que lo pienso no sé por qué. Si antes no acostumbraba quitarme los zapatos en clase, ahora menos. Como fuese, todos los pares estaban rotos. Ya no sabía si eran calcetines o mangas que se le habían caído a alguna camisa. Me puse unos donde apenas salía el dedo gordo del pie. Si había necesidad de explicar algo, diría que era para tener mayor tracción al caminar.

Pongo talco a los zapatos. Lo hago durante casi un minuto antes de darme cuenta de que es ajax para limpiar el excusado. Pongo talco durante otro minuto. Tal vez es demasiado. Meto los pies en los zapatos y una nube de polvo blanco se alza hasta mis rodillas. El pantalón se llena de polvo blanco. No puedo salir así. Parece que bailé zapateado sobre un costal de harina o que maté un panadero a patadas.

Me cambio y esta vez mido mi fuerza al ponerme los zapatos.

Me subo al camión, y la gente no aparta la vista de mí. No sé si sea porque estoy bien vestido, por el fino perfume que uso, o porque repito tu nombre en un tono sexual mientras babeo e intento fornicar el hombro de alguien.

Espero en la escuela, y te veo llegar… aunque no toda de golpe. Debo revisar mis prioridades:

  • Bubis: Vinieron.
  • Nalgas: Vinieron.

Genial. No dejaste nada en casa. Eso significa que son tuyas o vienen cosidas a la ropa.

Llevamos 30 minutos hablando. A muchos les parecería aburrido, pero a mí no, porque yo tengo un plan maestro. 15 años de escuchar mujeres sin tocarlas, me han dado una variedad de habilidades sobrenaturales que… en realidad nadie medianamente heterosexual y con un pene, querría, pero debo aprovechar lo que tengo.

Llevas una blusa azul con un logo. No sé si sea de un equipo de futbol o de una marca de condones. El logo está deformado de una forma tan sublime bajo esas suaves curvas, que bien podría ser la cara del Papa e igualmente todos se excitarían al ver el bonito marco montañoso natural que lo envuelve.

Hablas y ocasionalmente volteas a ver a otras personas o bajas la mirada. Es ahí cuando aprovecho para usar mis habilidades. Se necesita una precisa coordinación ojos-chichis para poder ejecutar aquel acto de heroísmo canalla. Me preguntas acerca de la amistad y yo pongo mi boca en piloto-automático. Por lo general trabaja bien sin supervisión.

Estoy seguro de que sigo algo sobre el apoyo y el respeto. Al mismo tiempo, noto que tu brassiere se marca y guardo esa imagen para las muchas noches sin ti, que vendrán.

Al mismo tiempo, yo me hago preguntas bastante profundas y desconcertantes sobre las dos grandes pruebas de tu feminidad que me desafían a mí y a las leyes de la gravitación universal desde el 1.40m que las separa del suelo. ¿Proyectarán sombra? ¿Cómo se verán en traje de baño? ¿Y corriendo por la playa… en cámara lenta? ¿Peleando contra otro par… en aceite? ¿Les habrás puesto nombres? Yo personalmente las bauticé como Lupita y Panchita.

Me dices algo sobre la confianza. Te respondo que “un gran ejemplo de confianza es ese” y apunto aleatoriamente en cualquier dirección opuesta a ti. Te das vuelta. ¡Qué retaguardia!

Eso es un 2 en mi escala del 0 al 2 en evaluación de mujeres. Además, respiras y estás lúcida (más o menos), lo que te da otros dos puntos, que no son necesarios pero siempre son bien recibidos. Así evito lidiar con cuestiones morales como la dignidad de los locos y la profanación sexual de tumbas.

Muchas más preguntas me acosan cuando estamos juntos ¿Te estoy acariciando de más? ¿De menos? ¿De verdad deseas que te toque? ¿Es normal que me salgan ronchas “ahí”? ¿Sería normal si me lamió ACCIDENTALMENTE un perro? ¿Si no es normal… es un castigo porque hice llorar al niñito Dios?

La frustración opaca mi mente y entorpece mis decisiones. Estoy sumido en lo que llamo, un pozo de celibato, post virginidad. Eso significa que tengo menos sexo que la mayoría de los vírgenes que pululan por la calle. Sí, menos.

Eso no sólo me afecta a mí, sino a todas las cáscaras de plátano de mi casa y ocasionalmente a un bistek o un calcetín… ya recordé por qué están rotos.

Descansas tu cabeza sobre mi hombro y yo tengo una erección repentina que casi hace que me desmaye. Nota para mí: “dejar el suspensorio en casa”.

Entre los pocos aromas que estoy privilegiado para percibir, están el olor de tu cabello y la mayonesa. Pero tú le ganas a la mayonesa sin discusiones. Sé que no me dejarás besarte. Así que invento escenarios imposibles sólo para justificar eso. Me imagino que repentinamente te asfixias, y en un ambiente de romántica sofocación, es mi trabajo resucitarte. Aunque con esos labios y ese busto, seguro más de uno intentará devolverte la vida con RCP (Rapidín Cochino Puerco): hombres, niños, ancianos… otras chavas… ¡AH, el puto suspensorio!

Me recobro del desmayo y te acompaño a tomar el camión. Te despido y te observo cruzar la avenida. Miro cómo se balancean rítmica mente tus caderas y decido ponerle nombre a esos montículos de suave y mordible carne: Pedrita y Jacinta.

Después de todo, eso es lo más cerca que estaré de verlas alguna vez en la realidad… realidad… nota para mí: Comprar un bistek, pomada del Tigre, vendas y una muñequera… esta noche habrá fiesta.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

mmmmmmmmmmmmmmmmmm simple duda guapo, de quien hablas? Te diria me da miedo lo que escribiste, pero la verdad no

TE QUIERO

Ehecatl dijo...

De.... una chava, totalmente otra que no eres tú... si >_<

Anónimo dijo...

eso no me dice nada, que gacho no me cuentas, porque? Ya no se nada de tu vida

Ehecatl dijo...

No te preocupes, ya tendremos oportunidad de hablar. Además, no te pierdes de mucho